Archive for September, 2018

The last vestige of american imperialism, 12/05/14 The Hill

Last vestige of American imperialism
BY HERNÁN PADILLA, MD
In 1898 Spain ceded Cuba, Guam, Puerto Rico, and portions of the West Indies to the United States. Additionally, Spain surrendered the Philippines to the U.S. for $20 million as part of the Treaty of Paris that ended the Spanish-American War. Cuba and the Philippines became independent nations and only Puerto Rico has been treated as a Territory on the path to statehood.

In the case of Puerto Rico, the Foraker Act of 1900 was signed into law by President McKinley, ending the military occupation and initiating a civilian form of government. Puerto Rico became the first overseas organized possession under the American flag.

At the time, defining the island as an “unincorporated territory status” had the purpose of making Puerto Rico a possession, but not a fully integral part of the United States, such that the U.S. Constitution applied only selectively to its residents. In the words of U.S. Court of Appeals Judge José Cabranes, by so doing the United States acquired not “territories, but possessions or ‘dependencies’ and became in this sense an ‘imperial power’.”

In 1901.the US Supreme Court was left to define the relationship that the new possessions would have with the USA. The governing doctrine regarding the administration of the possessions is known as the “Insular Cases”. The above doctrine, according to First Circuit Judge Juan R. Torruella, evolved into a “doctrine of separate and unequal” for the US Citizens of Puerto Rico.

The Jones Organic Act of 1917 granted the US Citizenship to all persons residing in the island and bestowed upon Puerto Rico a greater degree of self-government over local matters, moving Puerto Rico closer to becoming an incorporated territory destined for statehood.

In 1945, after WWII, the United Nations emerged as a powerful new institution to advance the cause of world peace and human rights. Central to the UN’s initial agenda was the eradication of colonialism, under which 750 million people around the world were then living.

In the international context, Puerto Rico’s “unincorporated territory” status became an embarrassment to the United States, because it is a status analogous to the possession of a colony.

Acting to address the problem, President Truman helped lead Puerto Rico even closer to statehood. In 1947, Truman signed into law the Elective Governor Act, which establishes that the “constitutional rights, privileges and immunities of American citizens in Puerto Rico will be respected as if Puerto Rico were a State of the Union”.

Soon thereafter, through the Puerto Rico Federal Relations Act of 1950, Congress authorized the Legislative Assembly of Puerto Rico to draft a local, state-like Constitution that would provide Puerto Rico with the maximum degree of local governing autonomy as if it were a state and compatible with the United States Constitution.

The evolution of the Puerto Rico’s relationship with the rest of the Union, within our nation’s constitutional framework, was eloquently memorialized un more recent years by Associate Justice Sandra Day O’Connor when she stated that “although Puerto Rico is not a state in the federal Union, ‘it …seem[s] to have become a state within a common and accepted meaning of the word”. Notwithstanding the well intended opinion–that Puerto Rico and US Citizens who reside in Puerto Rico are still, to this day, subject to what amounts to geographic discrimination in the American body politic.

The United States’ Supreme Court’s justification of the “constitutional segregation” of Puerto Rico yet stands as an intolerable anomaly, and one that is clearly in conflict with the Founding Fathers’ original intent that no American territory be held as a colony indefinitely.

In 1952, a majority of the Puerto Rican people voted to approve the current Constitution. Though that Constitution was a positive step in terms of local self government, in terms of domestic civil rights, said development has not altered the treatment of Puerto Rico as an “unincorporated territory”, thus leaving the island as a colonial status.

Evidently frustrated with the discriminatory treatment of Puerto Rico, in 1979 Associate Court Justice William Brennan expressed in his “concurrent opinion Torres vs. Puerto Rico” that the Insular Cases were anachronism and that the entire Bill of Rights of the US should be applicable to PR.

In the historic 2012 political status plebiscite held in Puerto Rico with 81% voter turnout, the people of the island voted by a clear majority of 54% to reject the current territorial status. Thus solid majority of island voters rejected the notion of government without consent of the governed.

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Urge resolver condicion colonial, domingo/lunes 23-24 de septiembre, 2018

domingo, 23 de septiembre de 2018
Urge resolver la condición colonial
En una entrevista en CNN, el gobernador Ricardo Rosselló reclamó más recursos federales para reconstruir a Puerto Rico y rebatió las expresiones del presidente Donald Trump sobre la cantidad de muertos relacionados al huracán y enfatizó que los residentes del territorio son tratados como ciudadanos de segunda clase.

Respaldo las palabras de Rosselló: “Tenemos que resolver el centenario problema del colonialismo en Puerto Rico”, y que Estados Unidos, líder de la democracia, no puede mantener a más de tres millones de ciudadanos americanos sin el derecho a votar por el presidente y elegir representación oficial en el Congreso.

Ante las declaraciones del gobernador y la celebración de una audiencia pública de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA) para considerar los planteamientos del licenciado Gregorio Igartúa y el exgobernador Pedro Rosselló sobre violaciones de derechos humanos y civiles de parte del gobierno de Estados Unidos a los ciudadanos americanos residentes en la Isla, quiero compartir algunos datos históricos sobre la condición colonial.

El representante alterno de Estados Unidos ante la OEA defiende la relación con Puerto Rico alegando que la Isla elige un gobierno local, participa en las primarias presidenciales y elije un comisionado residente sin derecho al voto en el seno del Congreso. Es un hecho que Puerto Rico es la colonia más antigua del planeta, que el Estado Libre Asociado (ELA) ni es libre ni asociado, que el Congreso tiene poderes exclusivos y plenarios sobre el territorio, y que el status territorial-colonial del ELA nunca ha sido, ni será permanente.

Veamos algunos datos históricos. El 28 de julio del 1898, el general Nelson Miles emitió la proclama al pueblo de Puerto Rico: “No hemos venido a hacerle la guerra a un pueblo dominado desde hace siglos. Todo lo contrario, hemos venido para protegerlo, para garantizar sus propiedades, promover la prosperidad y para dotarlo de las inmunidades y bendiciones de las constituciones liberales de nuestro gobierno”. Así inició el experimento colonial. El Congreso tiene total, pleno y exclusivo poder legal sobre los tres millones de puertorriqueños en la isla.

Con el fin de aliviar la crisis económica de la post-guerra en el 1920, el gobierno federal envió alimentos para los más sufridos en la Isla. Los donativos se extendieron hasta el 1942, cuando el plan de asistencia federal ofrecía alimentos a más de 138,000 niños y el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) que comenzó en 1968.

Los programas federales han alcanzado cifras multimillonarias para salud, educación, seguridad y bienestar social, y fondos para casos de emergencias como los desastres naturales, pero no borran la condición territorial, colonial y antidemocrática.

La Cláusula Territorial y todas las leyes federales son la Ley Suprema en Puerto Rico (Rodríguez vs. PPD, 1982). El Congreso tiene el poder de gobernar los territorios como Puerto Rico, en asuntos locales y Nacionales.

La Ley 600 autorizó a Puerto Rico a tener nuestra propia constitución para un gobierno puramente local. La relación Territorial continúa bajo el “Puerto Rican Federal Relations Act”. La historia legislativa reitera que la autoridad del Congreso sobre Puerto Rico es absoluta y plenaria. Puerto Rico es un Territorio, no es un estado ni una nación soberana en libre asociación con los Estados Unidos. Somos una colonia sin igualdad. Quien lo dude, que lea la Ley PROMESA y los casos decididos por el Tribunal Supremo Federal. Puerto Rico está sujeto a los poderes plenarios del Congreso y cualquier autoridad local está sujeta a la supremacía federal.

Según Igartúa, somos un territorio más asimilado que otros antes de ser estado, pagamos cerca de $3,000 millones anualmente al IRS. Puerto Rico es un Territorio Incorporado de facto y bajo el estado de derecho doméstico e internacional procede el voto en las elecciones federales.

Uno mi voz a los millones que claman al Congreso que libre a Puerto Rico de esta existencia colonial de más de cinco siglos, 120 años de coloniaje y siete décadas bajo un gobierno local que le niega la igualdad a Puerto Rico. Urge resolver la condición colonial.

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Estímulo para la niñez boricua, jueves 13 de septiembre

Estímulo para la niñez boricua
Hernán Padilla

Felicito a Benjamín Torres Gotay por su reportaje sobre el Instituto del Desarrollo de la Juventud (IDJ), afiliado al Boys & Girls Clubs de Puerto Rico, publicado el 3 de septiembre en este diario. Una de las contribuciones más importantes del Instituto es ofrecer estadísticas que ilustran las condiciones y necesidades de la juventud, para comparar a Puerto Rico con las principales jurisdicciones de Estados Unidos.

Las estadísticas del IDJ sirven para entender la preocupación de los jóvenes. El 41% de los hogares con niños y jóvenes necesitan ayuda del Programa de Asistencia Nutricional; el 57% de la población menor de 18 años (473,611 personas) y 62% de los menores de cinco años viven bajo el nivel federal de pobreza.

Contrario a los estados de la unión norteamericana, en Puerto Rico el promedio de ingresos de familias con menores de 18 años es solo $20,459 (muy por debajo del estado con menor ingreso y del ingreso nacional promedio). El IDJ calcula que “el 53% de los niños en Puerto Rico viven en familias de solo un padre o una madre, y de ese 53%, un 80% lo componen madres solteras”.

Una de las iniciativas del IDJ para combatir la pobreza infantil, es promover que el Congreso apruebe el Child Tax Credit (CTC) para que familias de menos recursos y con tres niños cualifiquen en la isla. Este crédito contributivo es un programa que ayuda a más de 35 millones de familias a nivel nacional y beneficia familias contribuyentes con ingresos entre $2,500 y $200,000 anuales que tengan más de un niño.

En la isla el programa se limita a “familias contribuyentes al Seguro Social” con tres niños o más. Es significativo reseñar que en el país solo 12% de las familias tienen tres niños menores. Si se aprueba el CTC para familias que se mantengan en la fuerza laboral, con uno a tres menores, unas 355,000 familias adicionales recibirían un crédito de $1,500 y la economía del país recibiría $270 millones anuales.

Torres Gotay resalta que tres de cada cuatro niños en Guánica, Ciales, Patillas, Barranquitas y Maricao viven en condiciones de pobreza. Estamos muy rezagados cuando comparamos el desarrollo económico local con los estados más pobres de Estados Unidos. Cuando comparamos el Producto Bruto Interno (GDP) de Puerto Rico con los 50 estados, Puerto Rico es el último en GDP por persona.

La injuriosa condición de colonia nos confiere una ciudadanía híbrida, una chatarra jurídica-constitucional. Buscar la solución del status no es incompatible con trabajar inteligentemente para sacar a Puerto Rico de la bancarrota moral, social, económica y fiscal en que nos ha sumido el ELA-colonial desde el 1952.

Como estado Puerto Rico recibiría fondos federales adicionales para beneficio de todo el pueblo. Tendremos fondos como derecho, no como dádivas, para educación, salud, seguridad pública y la lucha contra el crimen, servicios sociales, vivienda, transportación, infraestructura, desarrollo económico, protección del ambiente y todo aquello que mejore la calidad de vida a los puertorriqueños.

La mayoría recibiría un crédito o un reintegro en base a “Work For Pay Credit”, “Earn Income Credit” (EIC) o el CTC y debe quedar claro que nadie pagaría impuestos federales si su ingreso individual anual es menor de $10,700 y el de una familia de cuatro personas menor de $21,400 anuales. Los ciudadanos que cualifiquen pueden reclamar créditos por los costos para el cuido de niños y personas con limitaciones dependientes, crédito para personas de mayor edad o personas con limitaciones, créditos para educación y créditos por ahorros para retiro.

Nuestro fin no es ser dependiente de los fondos federales, por el contrario, estamos convencidos de que con la estabilidad, permanencia y seguridad de ser un estado de la unión se impulsará el desarrollo económico para beneficio de todos los puertorriqueños.

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Admisión de un estado hispano; y Cultura e idioma publicadas en mayo del 2012

Admisión de un estado hispano; y Cultura e idioma publicadas en mayo del 2012

Aunque el inglés es el idioma publico-cotidiano en el cual se vive y desarrolla comercial y públicamente un estado federado, la cultura y nuestro vernáculo, de los cuales nos sentimos orgullosos, son rasgos positivos para nuestro ingreso a la Unión. Ya existen varios estados con origen y ancestro hispano (Colorado, Montana, Nuevo México, Arizona, Texas. Florida y California).

En su mensaje de Presupuesto, el Gobernador dijo: “nuestra visión para un futuro de oportunidades para nuestros niños está anclada en el convencimiento de que para poder alcanzar sus sueños es fundamental que dominen perfectamente no sólo las destrezas básicas de matemáticas y ciencias, sino también el español y el inglés. …es un asunto de igualdad de oportunidades para Todos nuestros niños”.

Se comprometió a implantar el abarcador programa “Generación
Bilingüe para lograr que en un plazo de diez años todos y cada uno de los niños que se gradúan de escuela superior en Puerto Rico sean perfectamente bilingües, con pleno dominio de ambos, el español y el inglés”.

Cabe reafirmar que la falta de dominio del inglés perjudica a la juventud puertorriqueña, graduados de escuelas y/o universidades cuando solicitan empleos.

Por otro lado, la Constitución de los Estados Unidos de América provee los mecanismos para que Puerto Rico haga la transición y se convierta en un estado de la unión. La consecución de la estadidad está enmarcada en el proceso político, en el respaldo de los grupos y esferas de poder a nivel local y nacional, en la voluntad del Congreso y del Presidente y en una política pública presidencial respaldando la estadidad.

De estos emana la gran importancia del próximo plebiscito para iniciar finalmente el proceso de activismo político hacia una petición de admisión como estado de la Unión. Si la mayoría en Puerto Rico respalda la estadidad, nada ni nadie podrá impedirlo, aunque podrían intentar retrasarlo.

Una vez la mayoría de los puertorriqueños respalde la estadidad, Puerto Rico debe solicitar su admisión como Estado. Si fuera necesario, Puerto Rico, por su cuenta, elegiría dos Senadores y cinco Congresistas y los enviaría a reclamar sus posiciones como representantes electos por Puerto Rico, para que sean reconocidos oficialmente como miembros de igual rango en el Congreso, tal como lo hizo Tennessee cuando pidió admisión como Estado. Esa estrategia se conoce como el “Plan Tennessee”.

Anticipamos que el proceso conllevará negociaciones sobre las condiciones y periodo de transición que requieran el Congreso y Puerto Rico, pero el Congreso no puede rechazar la estadidad, porque nuestra aspiración constituye el reclamo y la lucha por lograr la igualdad de los derechos civiles de sus conciudadanos americanos en Puerto Rico.

De la misma manera que con otros estados que han ingresado a la unión, el Congreso dentro del marco constitucional podría imponer ciertas condiciones para ingresar, tales como un proceso de transición económica organizado y la enseñanza de inglés en las escuelas públicas (como fue la experiencia en Nuevo México, Arizona y Oklahoma).

Por nuestra parte, como estado, la Constitución le garantizaría a Puerto Rico el poder y la autonomía para el inglés y el español como idiomas oficiales, tal como dicta la Constitución de Puerto Rico. No podemos ignorar que la experiencia de más de un siglo durante el cual nos hemos integrado y somos parte de la cultura americana, nos demuestra que Puerto Rico ha podido mantener su cultura, costumbres, idioma e idiosincrasia bajo la bandera americana.

Puerto Rico ingresaría como estado caribeño-antillano bilingüe a los Estados Unidos para que continúe enriqueciéndose como nación y como pueblo. La Constitución, la bandera mono-estrellada sobre un fondo azul y el himno del Estado de Puerto Rico… “La Borinqueña” de don Manuel Fernández Juncos, continuarían distinguiéndonos como pueblo puertorriqueño.

Cultura e idioma 28 de mayo 2012

Los temas de la cultura y el idioma siempre han generado argumentos que no pueden ignorarse. Con convencimiento aseveramos que la estadidad fortalece y garantiza la cultura y la identidad puertorriqueña que nacen de habernos desarrollado inmersos en dos culturas: la puertorriqueña del siglo 19 la cultura americana durante el siglo 20.

No cabe duda de que somos parte integral de la cultura americana. La cultura puertorriqueña complementa la cultura americana a la cual nos hemos integrado. Puerto Rico sentará una pauta como un estado multicultural y latino de los Estados Unidos de America. Contribuiremos a que nuestra Nación se enriquezca culturalmente.

La cultura americana, de la que formamos parte, se sostiene sobre los pilares de la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos y ciudadanos. La Primera y la Decimocuarta Enmienda de la Constitución Americana le ofrecen protección igual de las leyes a las minorías culturales y lingüísticas en los Estados Unidos. La selección de idiomas oficiales es la potestad constitucional de cada Estado. De hecho, en Nuevo México el inglés y el español son los idiomas oficiales, como lo son actualmente en Puerto Rico.

Estados Unidos es una nación compuesta por grupos de personas con costumbres, valores, religiones y culturas totalmente diferentes. La nación reconoce estos derechos de los ciudadanos provenientes de todas partes del planeta. Mediante el proceso de naturalización, Estados Unidos ofrece y alienta a cualquier inmigrante que lo solicite de buena fe y cumpla los requisitos legales el privilegio de poder convertirse en ciudadano americano.

Una vez juramenta su alianza a su nueva patria, el ciudadano voluntariamente se integra político, cívico y socialmente a la nación americana, incluyendo como meta el aprendizaje del idioma inglés que une y sostiene la nación al proveer un denominador común.

Cabe destacar que muchos inmigrantes naturalizados han logrado ser electos al Congreso como Senadores y Representantes, condición que se les niega a los puertorriqueños y a todos los ciudadanos americanos que residen en la isla a pesar de que son ciudadanos americanos de nacimiento.

El uso del inglés es muy común en Puerto Rico, tanto en las agencias públicas como en la empresa privada. Por ejemplo, los planos y especificaciones de construcción para obras públicas y privadas se preparan en inglés. Las agencias estatales redactan muchos documentos en inglés para someterlos a las distintas agencias federales. Muchos de los textos usados en las universidades son en inglés, aun cuando los cursos se imparten en español.

Como recordarán, a principios de los 90 se celebró un referéndum y Puerto Rico favoreció mantener el inglés como uno de sus dos idiomas oficiales. Los estadistas apoyamos que se enseñe y se mejore la enseñanza de inglés y que ambos idiomas se impartan en las escuelas públicas. Los documentos oficiales deben redactarse en los dos idiomas oficiales y se debe atender a los ciudadanos en el idioma de la preferencia del ciudadano.

Es lógico que los proyectos de ley y las decisiones de los tribunales se publiquen en español e inglés y que estos idiomas oficiales sean los que imperen en cualquier procedimiento judicial. Después de todo, la Constitución protege el derecho de cada ciudadano a la libre expresión en el idioma de su preferencia.

Hasta ahora, el haberle limitado el beneficio de aprender y comunicarse en inglés a los puertorriqueños ha tenido el efecto negativo de que solo un pequeño grupo tenga el privilegio de ser bilingüe y como consecuencia logre mejores empleos y más oportunidades en el mundo moderno de la economía y los negocios.

Para defender ese derecho cultural puertorriqueño-americano, debemos rechazar el fracasado modelo colonial y el ELA Soberano (republica independiente asociada) y defender la verdadera unión permanente en el Referéndum.

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Estadidad vs colonia suplicante ( reproduccion, publicada enero, 2010)

9. La colonia suplicante (enero, 10)

La reforma de salud en el Senado Federal evidencia la necesidad contundente de Puerto Rico de una auténtica representación tanto en la Cámara de Representantes y como en el Senado Federal. Los 400,000 puertorriqueños que no tienen un seguro de salud, la clase media que vive agobiada por el costo de la vida, los más de 1,500,000 seres que dependen de los beneficios de Medicaid para el (PAM) Programa de Asistencia Medica y la Tarjeta de Salud, y todos los que reciben beneficios de Medicare en la Isla se hubieran beneficiado automáticamente y con mejores beneficios si Puerto Rico fuera un Estado de la Unión.

El resultado de las negociaciones entre legisladores y la fuerza electoral de distintos estados resulta de tanta importancia que si el status colonial del ELA se hubiera resuelto a favor de la estadidad, nuestros dos Senadores en el Senado Federal hubieran logrado extraordinarios beneficios en el proyecto que ahora va a Conferencia entre Cámara y Senado. La “colonia mendicante” es otra.

El Comisionado Residente (Pierluisi), sin voto en la Cámara, el Gobernador, exgobernadores y múltiples funcionarios públicos, médicos y administradores de la salud claman por “paridad en los fondos federales”. No podemos arrodillarnos a pedir paridad en todos los programas federales cuando el pueblo no se ha expresado para resolver finalmente el problema del status. Las colonias no tienen derecho a exigir paridad, suplican.

Consistente con su historia, los defensores de la colonia y el status quo sugieren que una delegación bipartita vaya a la Capital Federal a suplicar que el Congreso le conceda un mejor trato a Puerto Rico en la Reforma de Salud. Es el mismo síndrome del “mango bajito” y del “dame-dame” que caracteriza el modelo del ELA, la colonia más vetusta del planeta.

Es hora que el pueblo comprenda el valor de una delegación legislativa con el poder de un Estado que tenga más Congresistas y más votos electorales que 23 otros estados de la Unión. Concurro con Luís Dávila Colón: “con una delegación congresional completa y el poder del voto presidencial, Puerto Rico tendría un poderío inmenso en la toma de decisiones nacionales, en la repartición del presupuesto, en la asignación de fondos y programas, en políticas de defensa, y la designación y nominación de funcionarios, jueces, y fiscales, jefes de gabinete, y directores de agencias”.

Dávila Colon tiene razón: “Puerto Rico esta listo y pasado de que haga un reclamo contundente hacia su definición. Puerto Rico es un estado en su condición política, social y geográfica. Pero que “mientras vivamos en el Territorio del ELA, la ciudadanía americana no nos confiere todos los derechos, privilegios e inmunidades que nos corresponderían como ciudadanos americanos residentes de un estado de la Unión”.

La injuriosa condición de colonia nos confiere una ciudadanía hibrida y de segunda clase, una chatarra jurídica-constitucional. Buscar la solución del status no es incompatible con trabajar inteligentemente para sacar a Puerto Rico de la bancarrota moral, social, económica y fiscal en que nos ha sumido el status colonial del ELA desde el 1952. Mientras se prepara el camino a la estadidad, por el bien del ideal y de Puerto Rico, tenemos que administrar bien los pocos recursos de la colonia, defender a los pobres y la clase media, mejorar la educación, levantar la economía, generar empleos, derrotar el crimen, y educar a los puertorriqueños sobre la estadidad federada soberana.

El Gobernador, los funcionarios públicos, los legisladores y líderes políticos estadistas tienen que cumplir con su promesa de hacer un “buen gobierno”. Urge garantizar la seguridad pública, mejorar la economía, y eliminar los gastos superficiales e innecesarios del gobierno. Comiencen prohibiendo los contratos de asesores-políticos y los viajes de funcionarios que no benefician
al país.

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