Asfixiados por el petroleo, El Nuevo Dia, Lunes 23 de marzo, 2011

Asfixiados por el petróleo

Hernán Padilla

Ante nuestros ojos se desarrolla la gran transformación mundial del Siglo XXI. El levantamiento en Egipto, la masacre en Libia, la inestabilidad de los gobiernos en el medio oriente y la crisis geopolítica afecta los mercados mundiales del petróleo.

Algunos sectores del pueblo puertorriqueño viven en una burbuja de confianza, como si el problema fuera ajeno. Los últimos sucesos y su efecto sobre el precio de la gasolina  comprueban que estamos equivocados.

Aunque el precio del barril de petróleo ha bajado después del terremoto en Japón, una mayor demanda mundial y la política energética del Presidente Obama que limita la exploración  de petróleo en los Estados Unidos traerá como consecuencia un aumento progresivo del precio. En Puerto Rico se siente la inflación en el aumento de muchos productos de primera necesidad y la gasolina.

Puerto Rico vive dependiente del aceite de petróleo: 69% de toda la energía se produce con aceite de petróleo, 15% con gas natural, 15% con carbón y solo 1%  con energía renovable. La AEE importa más de $2,000 millones (dos billones) de combustible derivado del petróleo anualmente. Por cada $10 de aumento en el petróleo la economía de Puerto Rico siente un impacto negativo de más de $700 millones al año y la factura de la luz aumenta $12.29 mensual para una familia que utiliza solo 800MW al mes.

El impacto del aumento del precio del petróleo, la gasolina y el diesel será devastador. La gasolina subirá a más de $4.00 el galón ($1.00 por litro). En la Isla hay más de 3,020,078 vehículos de motor registrados, incluyendo 2,311,686 automóviles privados, 29,999 vehículos estatal y municipal,  64,490 para alquiler y 348,078 de carga que consumen más de un billón, (1,084 millones de galones) de gasolina y 250 millones de galones de diesel anualmente, contaminan el ambiente y afectan la salud de toda la población.

La contradicción de perder población y aumentar el número de vehículos debe obligar a un debate vigoroso sobre la política pública de importación de vehículos a la isla y su impacto sobre la economía, transporte colectivo y el Plan de Uso de Terrenos. En el 2010 se importaron 95,883  vehículos de motor nuevos, con un posible costo de $3 billones, sin contar el consumo de gasolina. Tantos vehículos requieren más carreteras e inversiones $billonarias en infraestructura.

El aumento en costo de la transportación y los productos relacionados al petróleo y la inflación afectará a las familias más necesitadas, las  industrias, comercios y el costo de todos los servicios esenciales en Puerto Rico. El precio de los comestibles, plásticos, ropa, alojamiento y hasta el cuidado medico le hará la vida más difícil a los desempleados, a los que viven por debajo del nivel de pobreza federal y a la clase media.

Urge implantar un masivo programa de conservación de energía en las agencias del gobierno. Necesitamos educar objetiva y eficientemente al pueblo puertorriqueño sobre ésta nueva realidad económica. La estrategia debe ser reducir el consumo de energía eléctrica, petróleo, gasolina y diesel por todos los medios posibles. Aunque costoso, un sistema de semáforos sincronizados en la avenidas con más transito ayudaría el movimiento vehicular y economizaría millones de galones de gasolina.

Ante ésta crisis, es impostergable buscar una solución pragmática, realista, a corto plazo y costo-eficiente que minimice nuestra dependencia al petróleo y el peligro de la inflación que se avecina. Es necesario acelerar los proyectos de energía renovable que generarán 700 MW y estimular las alianzas público privadas para producir energía eólica, solar y fotovoltaica. Tenemos una obligación moral con las generaciones futuras. Debemos considerar el gas natural como medida de transición para proteger el ambiente, abaratar costos y bajar la factura de la energía eléctrica.


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